
Que ingerir alimentos genera respuestas hedónicas al activar ciertas partes del cerebro no es ninguna novedad. Además, el placer al comer, hasta cierto punto, es normal siendo un estímulo natural para la ingesta y la propia supervivencia. Sin embargo, la cosa cambia cuando los alimentos llegan a convertirse en estimulantes con poder que roza el de las sustancias adictivas generando ingestas excesivas y dietas totalmente desequilibradas. Se sabe que diferentes alimentos originan respuestas de distinta intensidad. Las ingestas de alimentos palatables, que contienen, azúcar, grasas y sal, activa el famoso circuito cerebral de recompensa/motivación liberando dopamina siendo los alimentos compuestos por grasas y azúcares juntas los que más activan dicho circuito (1,2).
La activación frecuente del sistema dopaminérgico de recompensa lleva a un proceso adaptativo donde se necesita cada vez más estímulo para encontrar la misma respuesta, provocando con esto un patrón de adicción (3).
La estimulación del sistema de recompensa debido a los azúcares puede llegar a ser importante y predominante en algunas personas.
En un estudio realizado en Granada se demostró que las personas obesas y con sobrepeso presentan mayor estimulación celebral ante imágenes de pasteles que del mismísimo dinero comparando con sujetos de peso normal (4).
No es de extrañar, por tanto, que lleguemos a plantearnos el matiz adictivo del azúcar sabiendo además que en su caso como en el de las drogas participan las mismas estructuras cerebrales relacionadas con la recompensa (núcleo accumbens, núcleo causado, etc.). Razón por la que se cree que los mecanismos que producen los comportamientos adictivos, en ambos casos, pueden ser parecidos (1).
Aunque el tema de adicción a los alimentos no deja de ser controvertido la comunidad científica es consciente de su existencia e influencia que tiene en personas con obesidad y/o otros trastornos alimentarios. Motivo por el que desde 2009 existe un cuestionario, la escala de adicción a los alimentos o Yale Food Addiction Scale (YFES, por sus siglas en ingles) que permite la detección de pacientes adictos a los alimentos (5).
La escala de Yale es un instrumento de 25 reactivos que analiza la manifestación de los criterios propuestos por el DSM-5 para identificar la dependencia a sustancias (5).
Por tanto, cuando hablamos de adicción al azúcar o comida palatable no estamos hablando de una entidad imaginaria que no tenga fundamentos científicos sino algo que ya se está teniendo en cuenta en el campo de la psicología como mínimo, desde hace una década.
Un interesante estudio publicado en 2018 (2) en el que fue demostrada la potenciación de efectos post-ingesta, mediante escaneo cerebral, cuando los alimentos combinaban azúcares y grasas comparando con fuentes de azúcares o grasas por separado, habla sobre vías de señalización intestino-cerebro y sistemas de recompensa independientes para ambos macronutrientes y que se solapan al combinar los dos.

Fuente: Racool_studio / Freepik
No podemos despreciar el hecho que la gran oferta de alimentos ultraprocesados existentes en el mercado combinan grasas y azúcares en proporciones y cantidades inexistentes en la naturaleza. La activación simultánea de las vías de señalización que generan alimentos fuentes tanto de grasas como carbohidratos, resulta en un efecto multiplicador y potenciador de la recompensa favoreciendo el sobreconsumo de los mismos (2).
Este hecho fue observado con anterioridad en estudios con roedores que fueron capaces de regular sus ingestas manteniendo el peso corporal cuando tenían acceso a alimentos grasos o carbohidratos por separado. No obstante, cuando fueron alimentados con las dos fuentes de energía a la vez sufrían una rápida ganancia del peso (1,2).
Pero, esto no es todo…la capacidad cognitiva de los sujetos de estudio para estimar
densidad calórica de alimentos grasos fue mayor comparando con la valoración de la densidad calórica de alimentos fuentes de carbohidratos o carbohidratos + grasas. Además, se observó que el consumo de alimentos que combinan grasas y azúcares distorsiona la capacidad innata de estimar la densidad energética de los alimentos grasos (2).
El consumo de azúcares añadidos provoca inflamación en el hipocampo afectando las capacidades cognitivas y la memoria. A mayor consumo relativo de azúcares aumenta el riesgo de deterioro cognitivo leve y demencia en personas mayores, mientras que en niños fue relacionado de manera inversa con los resultados de tests de inteligencia (1).
Por supuesto, no todos los carbohidratos se relacionan con problemas de salud. Debe quedar claro que los carbohidratos presentes en frutas, vegetales, granos y legumbres ricos en fibra y otros nutrientes se metabolizan de manera distinta que carbohidratos refinados. La fibra permite su digestión y absorción más lentas y sostenidas, esta llega intacta al colon donde, en parte, es fermentada por bacterias intestinales que producen ácidos grasos de cadena corta (AGCC), sobre todo, acetato, propionato y butirato. Estos ácidos aumentan secreción de hormonas y péptidos por parte de las células enteroendocrinas obteniéndose como resultado sensación de mayor saciedad. Además, tienen efectos antiinflamatorios, antidiabéticos y disminuyen la acumulación de grasa en el organismo. Los efectos antiinflamatorios de los AGCC se pueden observar incluso a nivel cerebral al unirse a los receptores de proteína G. El tratamiento con butriato protege contra la respuesta inflamatoria de liposacárido (LPS) en microglia (1).

Asimismo, debemos recordar que una alimentación equilibrada y variada combina carbohidratos, proteínas y grasas aportando macro y micronutrientes a partir de distintos alimentos para que no haya carencias de ninguno de ellos. Optar por alimentos de calidad, equilibrados desde el punto de vista nutricional, no procesados o mínimamente procesados constituye la mejor opción y como indica la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) forma base de una alimentación saludable (6).
Bibliografía
- Freeman CR, Zehra A, Ramirez V, Wiers CE, Volkow ND, Wang GJ. Impact of sugar on the body, brain, and behavior.Front Biosci (Landmark Ed). 2018; 23:2255-2266. Published 2018 Jun 1.
- DiFeliceantonio AG, Coppin G, Rigoux L, et al. Supra-Additive Effects of Combining Fat and Carbohydrate on Food Reward.Cell Metab. 2018; 28(1):33-44.e3. doi:10.1016/j.cmet.2018.05.018
- Cordella P, Moore C. Patrón adaptativo obesogénico cerebral: una propuesta para comprender y evaluar la obesidad en la práctica clínica. Rev Chil Nutr Vol. 42, No1, 2015.
- Verdejo‐Román, J., Vilar‐López, R., Navas, J.F., Soriano‐Mas, C. and Verdejo‐García, A. (2017), Brain reward system’s alterations in response to food and monetary stimuli in overweight and obese individuals. Hum. Brain Mapp., 38: 666-677. doi:10.1002/hbm.23407
- Agüera Z, Wolz I, Sánchez IM, Sauvaget A, Hilker I, Granero R, et al. Adicción a la comida. Un constructo controvertido. Cuadernos de medicina psicosomática y psiquiátrica de enlace, ISSN 1695-4238, Nº117, 2016, p.17-30.
- Monteiro, C.A., Cannon, G., Lawrence, M., Costa Louzada, M.L. and Pereira Machado, P. 2019. Ultra-processed foods, diet quality, and health using the NOVA classification system. Rome, FAO.
#carbohidratos #grasas #ultraprocesados #circuitoderecompensa #comeresplacer #azúcaresañadidos