Fructosa y fructosa

No se puede hablar sobre fructosa sin dejar claro, desde el primer instante, la diferencia que existe entre la fructosa contenida de manera natural en los alimentos como frutas y verduras y fructosa libre utilizada como azúcar añadido en la industria alimentaria, sobre todo, en forma de jarabe de maíz alto en fructosa (HFCS, por sus siglas en inglés).

La fructosa naturalmente presente en los alimentos aparece en cantidades moderadas y va acompañada de otros nutrientes como antioxidantes, flavonoles, potasio, vitamina C, fibra y agua.

El organismo no se comporta de la misma manera ante las dos fuentes de fructosa. La fructosa naturalmente presente en los alimentos, no solo aparece en cantidades moderadas, sino que va acompañada de otros nutrientes como antioxidantes, flavonoles, potasio, vitamina C, fibra y agua, motivo por el que su impacto a nivel metabólico es muy distinto al que produce la fructosa libre, estrechamente relacionada con el síndrome metabólico, hipertensión, resistencia a la insulina, lipogénesis y diabetes, entre otros (1).

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El patrón de alimentación saludable contempla un consumo diario de frutas y verduras con frecuencia mínima de cinco al día (mínimo tres raciones de frutas y dos de verduras: una en crudo). Lo ideal es consumirlas en el conjunto de su matriz alimentaria en la que aparece la fructosa junto a otros componentes, ya mencionados arriba.

El consumo alto de frutas está relacionado con prevención y reducción de enfermedades crónicas gracias a la presencia de distintos componentes biológicamente activos.

El consumo alto de frutas, aunque contengan fructosa, está relacionado con prevención y reducción de enfermedades crónicas gracias a la presencia en ellas de distintos componentes biológicamente activos (2).

La ruta metabólica de fructosa así como el impacto que genera en el organismo, es muy distinta a la de glucosa, siendo ambas monosacáridos.

La glucosa es un azúcar que pasa directamente al torrente sanguíneo y de allí entra en las células (gracias a la insulina) como una fuente de energía directa para ellas. La fructosa, en cambio, requiere del hígado donde se convierte en fructosa-1-fosfato y posteriormente en glucosa, lactato o ácidos grasos y solo entonces puede pasar al torrente sanguíneo y ser aprovechada por las células (1,3).

La respuesta endocrina que provoca fructosa es leve y no estimula el sistema responsable de la saciedad favoreciendo el sobreconsumo.

La respuesta endocrina que provoca fructosa es muy leve, ya que, prácticamente no produce aumentos de insulina, ni estimula el sistema responsable de la saciedad (no envía señales para dejar de comer) al no suprimir grelina (hormona responsable de la sensación del hambre) ni aumentar el péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1), hormona que entre otros inhibe la ingesta de los alimentos, motivos por los que la fructosa favorece el sobreconsumo (1,4).

Consumos altos de fructosa pueden generar almacenamiento de grasa en el hígado lo que estimularía la aparición de hígado graso no alcohólico (NAFLD, por sus siglas en inglés), resistencia a la insulina e inflamación en el organismo. Asimismo, genera productos finales de glicación avanzada en el intestino (AGEs, por sus siglas en ingles) relacionados, entre otros con enfermedades neurodegenerativas, ateroesclerosis y asma (1,5).

El consumo de fructosa contenida en bebidas y alimentos ultraprocesados está asociado con niveles incrementados de glucosa en ayunas.

El consumo de fructosa contenida en bebidas y alimentos ultraprocesados está asociado con niveles incrementados de glucosa en ayunas (5).

Este hecho es especialmente peligroso en personas con diabetes o prediabetes, ya que, en ocasiones, se les aconseja el consumo de fructosa en sustitución de sacarosa (azúcar común), por su cualidad de no aumentar niveles de glucosa, ni insulina.

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Resumiendo, la mejor manera de consumir fructosa es sin liberarla de las frutas y verduras, por tanto, consumirla tal como nos la ofrece la naturaleza. Se ha visto que incluso el consumo de zumo natural 100% exprimido ha sido asociado con mayor peso corporal y mayor riesgo de diabetes (5).

Si intentas perder peso y en vez de productos convencionales que contengan azúcar común consumes productos con fructosa que sepas que no es una buena idea y que este no es el camino que debes seguir.

Bibliografía

1. Freeman CR, Zehra A, Ramirez V, Wiers CE, Volkow ND, Wang GJ. Impact of sugar on the body, brain, and behavior.Front Biosci (Landmark Ed). 2018; 23:2255-2266. Published 2018 Jun.

2. Gniech MM, Mohan C. Fruits as Prospective Reserves of bioactive Compounds: A Review.Natural Products and Bioprospecting (2018) 8: p. 335–346. DOI: https://doi.org/10.1007/s13659-018-0186-6(0123456789().,-volV)(0123456789().,-volV)

3. Riveros MJ, Parada A, Pettinelli P. Consumo de fructosa y sus implicaciones para la salud: malabsorción de fructosa e hígado graso no alcohólico. Nutr. Hosp.  [Internet]. 2014  Mar [citado  2020  Jul  27] ;  29( 3 ): p. 491-499. Disponible en: http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0212-16112014000300004&lng=es.  http://dx.doi.org/10.3305/NH.2014.29.3.7178.

4. Escalada FJ. Fisiología del GLP-1 y su papel en la fisiopatología de la diabetes mellitus tipo 2The physiology of glucagon-like peptide-1 and its role in the pathophysiology of type 2 diabetes mellitus. Med Clin. 2014; 143 (Suplemento 2). p. 2-7.

5. DiNicolantonio JJ, O’Keefe JH, Lucan SC. Added fructose: a principal driver of type 2 diabetes mellitus and its consequences. Mayo Clin Proc. 2015;90(3): p. 372-381. doi:10.1016/j.mayocp.2014.12.019

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